Canopy de La Campa, Lempira: cómo un pueblo lenca construyó el más extremo de Centroamérica
En 2012, sin helicópteros ni maquinaria especializada, los habitantes de La Campa tendieron a mano un cable de acero sobre uno de los cañones más impresionantes de Honduras. La crónica de aquel proyecto — y qué queda de él catorce años después.
Crónica escrita en 2012, cuando el canopy de La Campa acababa de inaugurarse. La reproducimos aquí como testimonio de primera mano de cómo se construyó — y la cerramos con los datos vigentes en 2026, porque el proyecto ha crecido mucho desde entonces.
El pueblo que ningún turista conocía
Si en 2012 se le hubiera preguntado a un turista internacional si conocía La Campa, la respuesta habría sido un contundente no. Ubicada en el occidente de Honduras, a unos 20 kilómetros de la ciudad colonial de Gracias, Lempira, La Campa es uno de los pueblos más bellos y pintorescos del país, por mucho tiempo olvidado entre pinos milenarios en el corazón de la región lenca.
La Campa nació como pueblo minero, originalmente llamado Tecauxina, y no fue hasta 1921 que se convirtió en municipio. Su nombre actual deriva de la palabra que los mineros usaban para el lugar donde acampar.
Caminar por La Campa es volver al pasado. Es sentir la Honduras real, sin maquillaje alguno. Es percibir en su aroma pueblerino la esencia y los ecos ancestrales de los lencas, nuestro mayor legado étnico y cultural. La Campa es belleza simple, gente sincera, mano amiga; es paz lejos del bullicio del mundo moderno. Y es paisaje: aquí se abre uno de los cañones geológicos más impresionantes de Honduras, que contrasta con la iglesia de San Matías, patrono de la comunidad, cuya feria y peregrinación congregan cada año a miles de devotos en una de las más concurridas de Centroamérica.
Nery Reyes: infraestructura y cariño por la tierra
No se puede hablar de La Campa de aquellos años sin mencionar a Nery Reyes, entonces alcalde del municipio. Originario del lugar, emprendedor, visionario, trabajador y optimista, con un cariño innato por su tierra y su gente, transformó La Campa en términos de infraestructura con la participación de la comunidad. Después de años sin visitar el pueblo, fue una alegre sorpresa encontrar calles adoquinadas, limpieza y proyectos que reflejaban trabajo arduo y amor por una comunidad largamente olvidada.
Jamás se me ocurrió preguntar de qué partido era Nery Reyes. La verdad, me resulta irrelevante. Solo sé que es un ejemplo de que cuando existe amor por la patria y por el pueblo que te vio nacer, y a eso se le suma trabajo, todo es posible.
Un francés frente al cañón
Siempre he creído que en la vida hay grandes coincidencias. Años antes llegó a La Campa un francés llamado Gilbert Huguet, un turista más explorando los pueblos viejos de Honduras. Como a todo visitante, le llamó la atención el cañón: impresionante, alto, misterioso, envuelto en nieblas, rodeado de pinos, forjado en roca y disectado durante millones de años por el río de La Campa. Una obra de la naturaleza, belleza pura.
Conoció a Nery de casualidad — o quizás Nery lo vio caminando y quiso orientarlo y hablarle de su tierra. Coincidieron en que el cañón era extraordinario, y hablaron de que sería ideal para un canopy: un cable de acero tendido de un extremo al otro del abismo, capaz de cruzarse en segundos.
El concepto nació en Costa Rica en los años setenta como una forma de estudiar los bosques tropicales desde arriba, casi siempre con fines científicos. Pronto aquel paseo pasivo se convirtió en velocidad, y después en un atractivo turístico que hoy genera empleos e ingresos para comunidades enteras.
En ese momento Nery no sabía que Gilbert era un alpinista certificado e instructor de montañismo que había conquistado cumbres en cuatro continentes. Ingeniero medioambiental, hablante de cuatro idiomas, constructor de canopies en distintos países: un aventurero capaz de diseñar lo imposible, con un enorme sentido humano.
Los hijos de Lempira contra el abismo
Lo que pareció una conversación informal se convirtió en pocos días en un proyecto. En cañones de esta altura suelen emplearse helicópteros y equipo sofisticado; en una comunidad rural de pocos recursos se usó el elemento humano del pueblo.
Los hijos de Lempira — descendientes de aquellos guerreros — le ganaron al miedo. Trabajaron día y noche escalando paredones, con el peligro constante de víboras y de caídas mortales, y lograron lo que parecía imposible: en cuestión de días el cable estaba tendido al otro lado del abismo.
La carretera que se hizo en dos días
El siguiente reto era hacer accesible la cumbre. Gilbert me contó que le planteó a Nery la posibilidad de abrir una carretera hasta arriba, y que Nery contestó que le parecía buena idea. Dos días después lo llamó para decirle que la carretera ya estaba terminada y lista para los turistas: en cuarenta y ocho horas consiguió maquinaria y personal, y abrió la brecha hacia la montaña.
El canopy fue inaugurado oficialmente el 24 de febrero de 2012, y la comunidad recibió felicitaciones de personalidades y dignatarios de Centroamérica y Europa.
Ficha técnica del proyecto original (2012)
- Longitud: 600 metros en su tramo más largo, distribuidos en seis tramos.
- Altura: 200 metros sobre el cañón.
- Tiempo de cruce: unos 25 segundos, a 140 kilómetros por hora. El sistema aprovecha la gravedad para frenar automáticamente, sin necesidad de guante como en los canopies artesanales.
- Capacidad del cable: 27,700 libras (14 toneladas), anclado en árboles sanos y roca firme, con cable extra de seguridad. Equipo Petzl certificado UIAA con doble seguridad.
- Diseño: modelado por computadora, incluyendo la fuerza de los vientos del cañón.
- Diseñador: Gilbert Huguet, ingeniero medioambiental francés, instructor y guía de expediciones de alpinismo en cuatro continentes; primer constructor de canopies en Honduras.
- Construcción: cuatro semanas, a cargo de miembros de la comunidad.
- Costo: 1.6 millones de lempiras.
- Entrada en 2012: 25 dólares.
- Meta: generar empleos y fondos para proyectos comunitarios.
El canopy hoy
Catorce años después, el proyecto que nació con un cable sobre el cañón es una operación consolidada y bastante más grande. Las descripciones publicadas en años recientes coinciden en un recorrido de alrededor de 3.5 kilómetros repartidos en seis cables, con el tramo mayor cercano al kilómetro y alturas que distintas fuentes citan entre los 200 y los 700 metros, según si se mide sobre el cañón o sobre el valle. Sigue describiéndose como el canopy más extremo de Centroamérica por la combinación de longitud y altura.
Las tarifas y horarios han cambiado varias veces con los años. Antes de planear la visita conviene confirmarlos directamente con la municipalidad de La Campa o con los operadores turísticos de Gracias, que gestionan traslados y paquetes.
Cómo visitar el Canopy de La Campa
- Dónde: municipio de La Campa, a unos 20 km de Gracias, Lempira, por carretera pavimentada; el trayecto toma entre 30 y 40 minutos.
- Cómo llegar: en vehículo propio, en taxi contratado desde Gracias o con un operador de la ciudad. La carretera final hacia la cumbre es de tierra.
- Qué llevar: ropa cómoda, calzado cerrado y abrigo ligero — el clima de La Campa es fresco todo el año por la altitud.
- Mejor época: la temporada seca, de noviembre a abril, ofrece mejor visibilidad sobre el cañón.
- Combinarlo con: la alfarería lenca de La Campa y la iglesia de San Matías, en el mismo pueblo.
- Información práctica actualizada: ver la ficha del Canopy Extremo de La Campa.
Preguntas frecuentes
¿Dónde queda el canopy de La Campa?
En el municipio de La Campa, departamento de Lempira, Honduras, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Gracias. Se tiende sobre el cañón del río de La Campa.
¿Es realmente el canopy más extremo de Centroamérica?
Así se le describe habitualmente, por la combinación de longitud total y altura sobre el cañón. En 2012, cuando se inauguró, era el más alto y largo de la región; desde entonces se ha ampliado.
¿Es seguro?
El diseño original se hizo con modelado por computadora que consideró los vientos del cañón, con anclajes en roca y árboles sanos, cable de seguridad adicional y equipo Petzl certificado UIAA. El frenado es por gravedad, sin maniobra manual. Los visitantes reciben equipo, instrucciones y acompañamiento de guías.
¿Cuánto se tarda en cruzar?
El tramo original se cruza en unos 25 segundos, alcanzando cerca de 140 kilómetros por hora según la dirección del viento.
¿Qué más hay para hacer cerca?
La Campa es parada de la ruta Colosuca y centro de la alfarería lenca. A poca distancia están Gracias, el Parque Nacional Celaque y las aguas termales.
Siga explorando el occidente: la alfarería lenca de La Campa y el arte del barro, el bosque nublado de Celaque, la Ruta del Café de Lempira y todo lo que hay por hacer en Gracias. Para la visita: dónde dormir y dónde comer.
Crónica y fotografías originales de 2012. Agradezco a Zaida Margot Orellana, Byron Mejía y Gilbert Huguet, quien además facilitó parte del material fotográfico. Los datos de 2026 provienen de publicaciones turísticas recientes y deben confirmarse con la municipalidad de La Campa antes de planear una visita.












