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El Tecolote de la Muerte: pesadillas en Gracias a Dios

📅 20 de julio de 2026⏱ 5 min👤 PhD Juan-Carlos Torres
El Tecolote de la Muerte: pesadillas en Gracias a Dios

Una noche de niebla de noviembre, Isabel —enfermera de Gracias— escucha frente al cuartel el canto del tecolote, que la tradición reconoce como anuncio de muerte. Dos días después, su presagio se cumple. Un cuento de terror de PhD Juan-Carlos Torres, basado en una vivencia de su madre.

Cuento basado en una vivencia de mi madre, Isabel. © Juan-Carlos Torres, 2023.

Una noche de niebla en noviembre

Era una noche oscura y neblinosa de noviembre en la Ciudad de Gracias a Dios, una noche envuelta en un silencio sepulcral que cortaba el alma. Isabel, la enfermera, se apresuraba a regresar a su hogar tras haber sido llamada a una falsa alarma de parto, pasada la medianoche.

La lluvia fina y la niebla, cómplices de una noche lúgubre, calaban hasta los huesos, añadiendo un escalofriante dramatismo al ambiente. Sus pasos resonaban como ecos de un pasado oscuro en los viejos ladrillos del parque central.

Caminaba con prisa, sintiendo que alguien la acechaba en las sombras. Las estatuas antiguas parecían observarla con ojos siniestros, y ni un grillo ni el ladrido de un perro osaban romper el sepulcral silencio.

Un diálogo interior atormentaba su mente, alimentando sus temores mientras avanzaba por la ciudad sumida en la niebla. La llovizna se había convertido en cómplice de esta noche siniestra, y la niebla era como un velo de misterio que envolvía la Ciudad de Gracias a Dios en un aura de inquietud.

El canto del tecolote

Al pasar frente al cuartel de la ciudad, en medio del silencio absoluto, el canto de una lechuza —o «tecolote», como lo nombraban los lugareños— hizo que su corazón latiera con furia incontrolable. El miedo la invadió y sus pasos se aceleraron, mientras la ciudad se sumía en una oscuridad asfixiante.

El cuartel, con su majestuosa arquitectura antigua, exudaba un olor a historia tétrica, impregnada de guerras, muertes y calabozos siniestros. Las sombras parecían tomar vida, y las paredes del edificio parecían susurrar los horrores que habían ocurrido en su interior. Cada paso que Isabel daba cerca del cuartel la sumía más en un abismo de terror.

Finalmente, Isabel llegó a su casa y corrió hacia la habitación de sus hijos. En medio de su terror, se arrodilló y rogó a Dios con todas sus fuerzas por protección. Sus plegarias llenaron la habitación, una súplica desesperada en busca de resguardo ante las ominosas señales que había presenciado esa noche. La seguridad de sus seres queridos era su única preocupación en medio de la oscuridad y el misterio que se cernían sobre la Ciudad de Gracias a Dios.

El canto del tecolote no cesó por mucho rato, y aterrada, apenas pudo dormir, consciente de que el canto del tecolote era un sombrío anuncio de muerte. Sus pensamientos oscuros y perturbadores se entrelazaban con la llovizna que golpeaba su ventana, como si la propia noche intentara atormentarla.

El presagio se cumple

Dos días después, su presentimiento se hizo realidad. Mientras regresaba de su trabajo habitual alrededor de las cinco de la tarde, notó una conmoción en el cuartel. Traían a tres soldados asesinados en la frontera. La atmósfera estaba cargada de tragedia y terror, y la Ciudad de Gracias a Dios parecía sumida en un abismo de pesadumbre.

Isabel se dio cuenta de que su presagio había sido cierto, y el canto del tecolote había anunciado la tragedia que se cernía sobre los soldados. El miedo se apoderó de ella, y un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras miraba los cuerpos sin vida. La ciudad estaba impregnada de un aura aún más sombría y aterradora de la que jamás había experimentado, y la llovizna persistente parecía lágrimas de duelo por los caídos.

Los tres vuelos alrededor del cuartel

La noche del velorio de los soldados, cuando la luna se alzaba en el cielo, el tecolote voló tres veces alrededor del cuartel. Este macabro evento llenó de terror a todos los presentes, y aquellos que habían acudido al velorio sintieron un miedo profundo y visceral.

La presencia del tecolote, con su canto siniestro y sus vuelos ominosos, era un claro presagio de más desgracias por venir. Aterrados, muchos decidieron marcharse a toda prisa hacia sus hogares, buscando refugio en la aparente seguridad de sus casas, lejos de la inquietante influencia del ave nocturna.

La ola de terror

La semana siguiente a los escalofriantes sucesos con el tecolote, la Ciudad de Gracias a Dios vivió una ola de terror sin precedentes. Tres homicidios más ocurrieron en la ciudad, algo inusual en un pueblo famoso por su tranquilidad y seguridad. El aire estaba cargado de aprensión, y los residentes no podían evitar hablar en susurros sobre los oscuros acontecimientos que habían perturbado la paz de su comunidad.

La paz y la seguridad que antes caracterizaban a la Ciudad de Gracias a Dios habían sido reemplazadas por un manto de miedo y desconfianza. Las calles, una vez pacíficas, se habían vuelto un escenario de temor y paranoia. Nadie se sentía a salvo, y cada sombra o ruido en la noche parecía una amenaza potencial.

El tecolote, con su ominoso canto, había traído consigo una maldición que se había apoderado de la ciudad, convirtiendo un lugar tranquilo en un campo de pesadillas. Los lugareños se preguntaban si el ave nocturna era una criatura de mal agüero o simplemente un presagio de los horrores que estaban por venir.

La Ciudad de Gracias a Dios, una vez pacífica y segura, se había transformado en un lugar donde el terror y la incertidumbre reinaban, y el tecolote, al volar tres veces alrededor del cuartel durante el velorio de los soldados, había sellado su papel como ominoso mensajero de la muerte.

Más relatos de la Ciudad Eterna: el tecolote se suma al bestiario de la tradición graciana junto a el Bulero, el Padre sin Cabeza y el tesoro maldito de Juan Pardo. Descubre todo el patrimonio oral de Gracias.

© PhD Juan-Carlos Torres, 2023. Cuento basado en una vivencia de su madre, Isabel, publicado en graciaslempira.com. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.

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