Terror en las Sombras de Celaque: el enigma del gigante de la montaña
Gracias, 1925. Tras la Guerra Civil, rocas colosales aparecen fuera del río Arcagual y gritos inhumanos resuenan en el bosque nublado de Celaque. El coronel Manuel Martínez Galeano dirige la expedición militar que se adentra en la montaña a enfrentar al gigante que la habita. Un cuento de terror de PhD Juan-Carlos Torres, protagonizado por su abuelo.
Relato de ficción ambientado en Gracias en 1925, con el coronel Manuel Martínez Galeano — abuelo del autor — como protagonista. © Juan-Carlos Torres, 2023.
La montaña que desafiaba al cielo
En el año 1925, inmediatamente después de la Guerra Civil de 1924, la montaña de Celaque, imponente y misteriosa, se alzaba en el oeste de la ciudad colonial de Gracias a Dios. Con casi 3,000 metros de altura, esta montaña se erguía como una centinela que desafiaba el cielo, envuelta en un espeso bosque nublado, prácticamente inaccesible en esa época.
La montaña de Celaque era un lugar donde la selva exuberante estaba llena de fauna y flora, pero también de peligros. Jaguares y pumas acechaban entre los árboles, serpientes venenosas se ocultaban entre la densa vegetación, y aves de brillantes plumajes volaban en lo alto. Plantas venenosas y exóticas añadían un toque de misterio y peligro al paisaje, arrojando sombras inquietantes en cada rincón.
Los lugareños habían tejido innumerables leyendas en torno a esta montaña. Creían que tenía un espíritu protector que vigilaba tesoros ocultos y castigaba a quienes osaban perturbar su tranquilidad. Estas historias hablaban de tesoros escondidos en sus profundidades y encuentros con criaturas misteriosas que acechaban en la oscuridad de la noche. La atmósfera estaba cargada de un aire gélido, y los aullidos del viento parecían ser el lamento de almas perdidas.
Las señales del gigante
En ese ambiente de intriga y maravilla, el misterio del gigante de la montaña de Celaque comenzó a cobrar vida. Grandes rocas desafiaron la gravedad al aparecer fuera del lecho del río Arcagual, un fenómeno que desconcertó a todos, como si la montaña misma hubiera cobrado vida y arrojado esas rocas como advertencia.
Los cazadores de la zona se estremecieron al relatar gritos aterradores, como si primates gigantes o criaturas desconocidas aullaran en la noche, desafiando la lógica de la fauna conocida. Los aullidos se mezclaban con susurros siniestros que helaban la sangre y ponían a prueba la cordura. Aquellos que se aventuraron a acercarse a la montaña hablaban de una oscuridad que parecía trascender lo natural, como si la misma noche se hubiera apoderado de la montaña.
Árboles rotos como si hubieran sido doblados por fuerzas sobrenaturales, rastros de pisadas colosales en el fango, y el miedo se apoderó de la región, como una niebla densa que se arrastraba por la selva, ocultando horrores inimaginables.
La expedición del coronel
Los cazadores reportaron estas extrañas señales al comando local del ejército, y el comandante Don José Castro, ante la insistencia y el temor creciente, decidió enviar a 25 hombres bien armados comandados por el Coronel Manuel Martínez Galeano para investigar lo que parecía ser un enigma de proporciones inquietantes. Los soldados, mientras se adentraban en la montaña, sentían que las sombras se cerraban a su alrededor y susurros ininteligibles se deslizaban en el viento.
El Coronel Manuel Martínez Galeano, un hombre valiente curtido por las guerras y reveses de la vida, con determinación en su mirada, lideró a los hombres hacia lo desconocido, listos para enfrentar los desafíos que la imponente montaña pudiera presentar. Pero a medida que avanzaban, la inquietante sensación de que algo los observaba desde las sombras se intensificaba.
Juntos, los soldados se adentraron en el territorio en busca de respuestas. Sin embargo, pronto se encontraron bajo un ataque inesperado: piedras enormes venían desde lo alto, y dos soldados murieron aplastados bajo el peso de las rocas. El terror se apoderó de los sobrevivientes, y los susurros en la oscuridad se transformaron en risas burlonas que desafiaban la cordura.
Heridos y aturdidos, los sobrevivientes regresaron, solicitando refuerzos y armamento pesado, pero sus miradas vacías y su palidez hablaban de terrores que no podían expresar con palabras.
El enfrentamiento
La siguiente expedición se preparó con cautela, portando una ametralladora Gatling y un pequeño cañón de la guerra civil de 1924. Esta vez, cuando las rocas volaron, los soldados respondieron con fuego, llenando la montaña de un eco metálico y ensordecedor.
Gritos guturales retumbaron por la montaña, y en la penumbra, varios testigos atónitos afirmaron ver caer por un precipicio algo sobrenatural: un gigante pelirrojo envuelto en pieles de animales, con ojos inyectados en sangre que parecían arder con una furia ancestral.
Los relatos variaron: algunos soldados aseguraron que era una criatura similar a un gorila gigante, otros lo describieron como un monstruo primordial. Todos coincidieron en que emitía un olor espantoso que inundaba el aire, un hedor que se pegaba a la piel y que era imposible de olvidar.
El enigma sin resolver
Sin embargo, el misterio se profundizó aún más, ya que cuando intentaron encontrar el cadáver de esta inquietante criatura, se dieron cuenta de que la zona donde había caído era inaccesible: un precipicio vertical de cientos de metros que desafiaba cualquier intento de recuperación. Era como si la montaña misma hubiera engullido a la abominación que había habitado en sus entrañas.
Después de ese fatídico enfrentamiento, los avistamientos, los rastros y las huellas desaparecieron misteriosamente. La montaña de Celaque guardó silencio, como si el gigante de la montaña hubiera regresado a las sombras, dejando tras de sí un enigma que continuó atormentando a los lugareños durante generaciones.
Este relato, lleno de drama, paranoia, terror y misterio, perdura como un enigma sin resolver en las profundidades de la montaña de Celaque, donde las sombras y los susurros oscuros continúan acechando en la noche, listos para atormentar a aquellos que osen adentrarse en sus dominios.
Más relatos de la Ciudad Eterna: el gigante de Celaque cierra el bestiario graciano junto a la Siguanaba, el tecolote de la muerte y el tesoro de Juan Pardo. Conoce la montaña real de esta leyenda en el Parque Nacional Celaque.
© PhD Juan-Carlos Torres, 2023. Cuento publicado en graciaslempira.com, protagonizado por el coronel Manuel Martínez Galeano, abuelo del autor. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.



